sábado, 26 de diciembre de 2009


Las ratas invaden mi pequeño callejón.

Van llegando despacio, primero se asoman husmeando el peligro, pero este no existe.

Llegan dos, luego cinco, hasta que aquello se convierte en un hervidero de rabos largos, hocicos peludos…

Van tomando el territorio con la estrategia de un ejercito, con movimientos lentos pero precisos.

Se sienten seguras.

No importa. Las miro con tranquilidad.

Si están llegando a mi callejón será por algo.

No me preocupa.

Su seguridad es la mía.

Ya no me miran con desconfianza, se acercan y me huelen, saben que no les haré daño.

Mientras ellas estén allí, significará que yo también lo estoy.