sábado, 13 de diciembre de 2008

"El principio del fin (II). Ocaso"

Se sirvió café y se sentó en la mesa, frente al sobre. Sin dejar de mirarlo, intentando adivinar cuanto habría esta vez, 100, 200… 500…
Junto al dinero siempre había una nota redactada con la pulcra letra de un hombre culto, escrita con una pluma escandalosamente cara y exclusiva, en la que opinaba sobre “su servicio” de la noche anterior.
Así se divertía su Dueño, humillándola con aquel dinero y aquellas notas que siempre dejaba en un sobre, tratándola como una vulgar ramera, una mujer a la que se follaba a cambio de una remuneración.
Ella lo había asumido hacía tiempo, no le importaba que sus amigos, a los que llevaba de vez en cuando a “usar a la puta” pensaran que era eso, una fulana que vivía del sexo.
No le importaba porque ella sabía lo que era, lo que sentía y lo que estaba haciendo con su vida, libremente elegida. Pero ya no, pensó. Se había derramado el vaso la noche anterior, no había marcha atrás, El había dado muestras de no importarle su integridad física, cuando la dejó a merced de los dos cafres que le acompañaban mientras el dormía la borrachera en el salón.
Miró el sobre por última vez y se levantó. Cogió su bolso, las llaves de su coche y tiró el móvil dentro de la jarra con agua que había encima de la mesa. Ahora si, pensó. Ahora podía pensar con más claridad.
Salió a la calle, arrancó el coche y sin mirar hacia atrás se alejó.